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miércoles, 13 de febrero de 2013
Prohibición de paso de vehículos a motor por la Serrezuela de Pegalajar y los Baldíos del Haza Colorada
Publicado por Rutas y Senderos de Pegalajar el miércoles, febrero 13, 2013
El Ayuntamiento de Pegalajar informa que queda TERMINANTEMENTE PROHIBIDA LA CIRCULACIÓN DE CUALQUIER TIPO DE VEHÍCULOS A MOTOR, bajo sanción, a excepción de los autorizados, dentro del paraje propiedad Municipal denominado SERREZUELA PEGALAJAR Y LOS BALDÍOS DEL HAZA COLORADA.
Existen señales anunciando esta prohibición a lo largo y ancho del recorrido del mencionado paraje.
Esta prohibición está basada en el Decreto 208/1997, de 9 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento Forestal de Andalucía. Boja 117/1997, de 7 de Octubre.
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Existen señales anunciando esta prohibición a lo largo y ancho del recorrido del mencionado paraje.
Esta prohibición está basada en el Decreto 208/1997, de 9 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento Forestal de Andalucía. Boja 117/1997, de 7 de Octubre.
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sábado, 9 de febrero de 2013
Vídeo: Paseo por la Serrezuela de Pegalajar, un entorno espectacular en Jaén y su Área Metropolitana
Publicado por Rutas y Senderos de Pegalajar el sábado, febrero 09, 2013read more
Etiquetas:
Atletismo,
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Ubicación:
23110 Pegalajar, Jaén, España
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martes, 6 de noviembre de 2012
Ruta del Corregidor - Pegalajar y Mancha Real
Publicado por Rutas y Senderos de Pegalajar el martes, noviembre 06, 2012
Hace un tiempo, en el libro de las fiestas en honor a la Virgen de las Nieves, leí una historia sobre el asesinato del Corregidor de Jaén don Antonio de las Infantas y Córdoba a manos de un grupo de pegalajareños, escrita por el historiador pegalajareño Juan A. López Cordero y que discurría por los términos municipales de Pegalajar y Mancha Real. Por ello he decidido recopilar datos para trazar una ruta cargada de historia que parte desde el Puerto de las Siete Pilillas. Esta ruta se puede ampliar con la ruta de la histórica Serrezuela de Pegalajar, que también pasa por el Puerto de las Siete Pilillas.
El entorno más cercano está formado por vegetación herbácea, pastos para el ganado, plantaciones de esparto abandonadas entre las que afloran abulagas y retamas, junto con algún que otro pino y almendro. Por su altitud se observa un extenso y variado paisaje, como el bosque de pinos de la Serrezuela de Pegalajar; las poblaciones Pegalajar y La Cerradura; altas cumbres de la Sierra Sur, Morrón y Hoyo de la Sierra, la población de Mancha Real y la Peña del Águila, además de la zona de la Francia. En este lugar también existe una gran población de cabra montés.
Pegalajar no ha estado exento de sucesos violentos significativos en su historia. Algunos de ellos fueron relevantes en su época y dejaron huella en la documentación escrita, no así en la memoria que no suele llegar mucho más allá de dos o tres generaciones. Uno de estos sucesos sangrientos aconteció al corregidor de Jaén don Antonio de las Infantas y Córdoba, el 19 de octubre de 1662, cuando con un grupo armado se dirigía a Pegalajar a apresar a varios vecinos.
El hecho tuvo lugar abajo del "Portichuelo de Cajigal", término de Mancha Real, en el antiguo camino que, faldeando el monte de Malpica, comunicaba esta población con Pegalajar. Es el paso natural para caballerías entre Mancha Real y Pegalajar. La construcción de la carretera en la década de 1910 dejó de lado este pequeño puerto o portichuelo, buscó un mejor paso para vehículos y carruajes superando con obras de ingeniería la orografía del terreno.
El trazado del antiguo camino, antes de llegar al Puerto de las Siete Pilillas, iba un poco más arriba de la actual carretera. Subía al Portichuelo desde la curva que hay junto al “Agujero del Aire”, donde se encuentra un sondeo hidrológico. Desde esta curva el camino asciende el antiguo Portichuelo del Cajigal, conocido hoy por las Heladas o las Heladillas. El camino seguía por las Heladas y tras pasar junto a la Fuente de las Siete Pilillas tomaba el camino del Chorreadero hasta Pegalajar. En el mapa cartográfico 1:50.000 editado por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1907 se puede observar este camino, del que aún quedan restos.
El lugar del antiguo Portichuelo del Cajigal está formado por una estrecha y larga meseta junto a una gran pared caliza con vegetación arbustiva. La altitud del macizo y la ubicación de la meseta al noroeste le dejan pocas horas de sol, permitiéndole mantener mayor humedad al terreno.
El topónimo Cajigal indica una vegetación arbórea con abundancia de quejigos (Quercus faginea), un tipo de árbol autóctono que suele encontrarse junta a la encina; es de hoja caduca con dientes poco profundos en su borde, que da como fruto bellotas cuya cúpula está recubierta con escamas aovadas. Su madera se ha empleado como combustible y sus hojas y frutos son aprovechados por el ganado. Suele ubicarse en lugares frescos. Es resistente a los rigores climáticos de frío, sequedad y contrastes térmicos.
En el pasado, el lugar debió albergar un bosque de encinas y quejigos, pero su desforestación y posterior roturación y cultivo acabó con casi todo el arbolado. El abandono del cultivo en la zona hace varias décadas ha permitido una lenta recuperación de la vegetación arbórea autóctona. Hoy presenta chaparros, encinas, algunos quejigos, junto con enebros y retamas en las zonas antes roturadas.
El año 1662 se enmarca en el final del reinado de Felipe IV, que estuvo dominado por las campañas militares contra Francia, que concluyeron en 1659 con la Paz de los Pirineos, y contra Inglaterra y Portugal. Se le exigió un gran esfuerzo fiscal a los reinos peninsulares, en particular a Castilla. No obstante se produce la quiebra del sistema económico y financiero de la monarquía en diversas ocasiones, como en 1660 y 1662. Los servicios o impuestos extraordinarios provocaron disturbios en muchos lugares de la Corona. Ya en el invierno de 1652 hubo un inicio de alborotos en Pegalajar que fueron atajados por el corregidor de Jaén que envió a don Antonio Fernández de Viedma con guardas para mantener el orden. La paciencia del exhausto pueblo de Pegalajar no pudo aguantar más cuando se decretó un nuevo servicio de 600.000 escudos de vellón en 1661 y otro más ese mismo año, unido a la devaluación de la moneda, y los vecinos se rebelaron cuando el juez don Manuel Méndez Correo acudió para cobrar la cuota de las rentas reales que correspondía a la población, con el que tuvieron "malos tratamientos". El juez denunció los hechos al Corregidor de Jaén, que acudió a Pegalajar con un grupo armado para apresar a los culpables. El Corregidor debió dirigirse primero a Mancha Real y allí pernoctar, por lo que no utilizó el camino principal que a través de las Coberteras comunicaba Jaén con Pegalajar y tomó el sendero que por el Portichuelo del Cajigal y el puerto de Letraña (las Siete Pilillas) enlaza Mancha Real y Pegalajar. Sin embargo, en el pueblo se tuvo conocimiento de su llegada y un grupo de rebeldes decidió cortarle el paso.
La emboscada tuvo lugar en la mañana del 19 de octubre de 1662, cuando el grupo del Corregidor iniciaba el ascenso al Portichuelo del Cajigal. Podría corresponder al poyo de las Heladas, por ser puerto pequeño o Portichuelo, pero posterior documentación ubican dicho puerto y emboscada en el camino real que a través del puerto alto comunica Mancha Real y Pegalajar. En el lado izquierdo de la subida, emboscados entre la vegetación, los rebeldes dispararon sus arcabuces y mataron al corregidor Antonio de las Infantas y a los guardas Antonio Gabuceo y Agustín de Herrera, e hirieron al guarda Juan Calderón. Aunque toda la nobleza de Jaén, ese mismo día salió en busca de los culpables, no pudieron hallarlos.
Por las investigaciones realizadas posteriormente se consideraron culpables directos de la emboscada a los vecinos de Pegalajar, Pedro de Valenzuela, Antonio Vacas Valenzuela, Pedro Vacas Catena, Pedro del Rio, Juan de Morales, Diego Mendo y Diego de Contreras; don Juan López de Mendoza, vecino de Jaén; y Teodoro de Tovar y Felipe de Bretones, vecinos del reino de Valencia y residentes en Pegalajar. A nueve de los implicados se les condenó a la horca y a degüello a Juan López de Mendoza, cuando los capturaran.
Las sentencias de la época iban acompañadas de un ritual para escarmiento. Una vez que se apresaran debían ser llevados a la cárcel real de la ciudad de Jaén, de donde se sacarían en mula, cubiertos de luto y en voz de pregonero delante se vocearía su delito a través de las calles acostumbradas hasta la plaza pública de Jaén, donde estaba el cadalso. Una vez ejecutados, sus cabezas serían cortadas y colgadas en un palo de una escarpia en la parte baja del Portichuelo del Cajigal, donde se dio muerte al corregidor Antonio de las Infantas y Córdoba. Además a los reos se les incautaban todos sus bienes.
Hubo muchos más implicados en los sucesos de rebelión, que desencadenaron el asesinato del corregidor, los cuales recibieron penas diversas: 15 vecinos fueron condenados a nueve años de pena en galeras; 2 al presidio de Orán o al Peñón en África entre cuatro y seis años; y 4 vecinos más a destierro mayor de veinte leguas de contorno durante cuatro años. El temor a las duras penas provocó la huida de muchos de los condenados. Algunos de los cuales formaron una partida armada dirigida por Pedro de Valenzuela.
Pedro de Valenzuela, vecino de Pegalajar, casado y con un hijo, estuvo involucrado en el movimiento vecinal de rechazo a las exacciones tributarias de la Corona y sus representantes, y posteriormente en el asesinato en emboscada del corregidor de Jaén y dos de sus guardas. Tuvo que huir con el resto de los implicados para no ser objeto de un escarmiento ejemplar por la parte de la justicia real. Formó una partida de bandoleros, cuyo ámbito de actuación tenía como centro la Sierra de Mágina y se ampliaba a las comarcas vecinas de la Sierra Sur, Sierra de Cazorla y los lugares limítrofes del reino de Granada. Desde 1662 a 1675 la partida se mantuvo numerosa y activa. No se entiende un período tan largo de actividad bandolera sin un apoyo de parte de la población, pues esta partida era un símbolo de rebelión popular ante las fuertes exacciones tributarias de una corona en crisis, que recaían sobre las clases trabajadoras.
En Julio de 1674 la partida de Pedro de Valenzuela se encontraba cerca de Pegalajar. Tuvo un enfrentamiento con un grupo numeroso de guardas capitaneado por el alguacil mayor Diego Pretel. El corregidor de Jaén Diego Jiménez Lobatón salió en su busca con numerosos guardas y gran parte de la nobleza de la ciudad, sin encontrarlos. La Hacienda Real llevaba gastados más de 60.000 ducados en la infructuosa captura de la partida.
Al año siguiente, 1675, trece años después de “echarse al monte” y ser perseguido por la justicia real, Pedro de Valenzuela probablemente estaba enfermo, pues moriría de causa natural al poco tiempo. Quizás fuera ello lo que le movió a aprovechar la visita que hizo el cardenal Pascual de Aragón este año como primado de la archidiócesis de Toledo por tierras del Adelantamiento de Cazorla, dependiente de dicha archidiócesis, para pedirle clemencia. Esta visita fue un gran acontecimiento para los habitantes de la zona. La fama del Cardenal, con grandes influencias en la Corte, llevó a Pedro de Valenzuela y sus hombres a pedirle clemencia y ponerse bajo el amparo de la jurisdicción eclesiástica.
Cuando el Cardenal volvía a Cazorla por tierras de Granada en el mes de julio de 1675, al pasar por Puebla de don Fadrique le entregaron una carta escrita por Pedro de Valenzuela. El Cardenal le contestó mediante otra misiva mandándole cuarenta doblones y el recado de que acudiera a verle. Por entonces, la cuadrilla de Pedro de Valenzuela estaba formada por trece bandoleros a caballo. La cita tuvo lugar entre los baños de Zújar y Pozo Alcón, en pleno campo, al amanecer, y aceptaron ponerse bajo la protección del Cardenal, con cuya comitiva entraron en Pozo Alcón, llamando los bandoleros la atención por sus figuras barbudas y míticas. Al día siguiente llegaron a Cazorla. El licenciado Juan Baca, testigo presencial, cuenta en su Relación de visitas de cómo Valenzuela se alojó en la casa del capellán del Cardenal y los demás bandoleros de la cuadrilla se albergaron en el castillo para evitar un posible linchamiento.
Mientras se tramitaba el indulto, Valenzuela y su cuadrilla estuvieron en el monasterio de monjes Basilios de la Santa Cruz de Villanueva del Arzobispo a expensas de Cardenal, siendo frecuentemente visitados por el licenciado Juan Baca. Valenzuela confesó ante los monjes, que solo él por su mano había cometido más de sesenta muertes. En este lugar, antes de la llegada del indulto, Pedro de Valenzuela murió. El Cardenal ordenó que se le enterrara con la mayor solemnidad y hasta con públicas honras. También escribió a la viuda y al hijo que vivían en Pegalajar en la mayor pobreza, para darles consuelo.
Cuando llegó, el indulto establecía para los miembros de la partida de Pedro Valenzuela la condición de servir al Rey en Cataluña contra los separatistas y franceses; y para Pedro de Valenzuela, ya difunto, la de servir en la plaza de Orán. La vida de estos hombres es la expresión de un bandolerismo endémico consecuencia de la injusticia social que secularmente ha estado presente en el mundo rural andaluz y que tuvo su más famosa representación en el bandolerismo del siglo XIX, extendida por el movimiento romántico de la época. El mito de rebelde invicto de Pedro de Valenzuela esconde un mundo trágico de enfrentamientos y muertes, de vida ardua en las sierras, penas y sacrificios…; junto con la pérdida de todo aquello que poseía, incluida la vida familiar, que también sufre sus consecuencias. Tuvieron que pasar trece años de lucha y sufrimientos para rendir a aquella partida de hombres libres, a los que el Cardenal Aragón, conocedor de sus vidas, no pudo menos que estimar y proteger.
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Ruta apta para:
-Senderismo.
-Atletismo.
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| Lugar donde asesinaron al Corregidor de Jaén |
Entorno:
El entorno más cercano está formado por vegetación herbácea, pastos para el ganado, plantaciones de esparto abandonadas entre las que afloran abulagas y retamas, junto con algún que otro pino y almendro. Por su altitud se observa un extenso y variado paisaje, como el bosque de pinos de la Serrezuela de Pegalajar; las poblaciones Pegalajar y La Cerradura; altas cumbres de la Sierra Sur, Morrón y Hoyo de la Sierra, la población de Mancha Real y la Peña del Águila, además de la zona de la Francia. En este lugar también existe una gran población de cabra montés.
Historia
Pegalajar no ha estado exento de sucesos violentos significativos en su historia. Algunos de ellos fueron relevantes en su época y dejaron huella en la documentación escrita, no así en la memoria que no suele llegar mucho más allá de dos o tres generaciones. Uno de estos sucesos sangrientos aconteció al corregidor de Jaén don Antonio de las Infantas y Córdoba, el 19 de octubre de 1662, cuando con un grupo armado se dirigía a Pegalajar a apresar a varios vecinos.
El hecho tuvo lugar abajo del "Portichuelo de Cajigal", término de Mancha Real, en el antiguo camino que, faldeando el monte de Malpica, comunicaba esta población con Pegalajar. Es el paso natural para caballerías entre Mancha Real y Pegalajar. La construcción de la carretera en la década de 1910 dejó de lado este pequeño puerto o portichuelo, buscó un mejor paso para vehículos y carruajes superando con obras de ingeniería la orografía del terreno.
El trazado del antiguo camino, antes de llegar al Puerto de las Siete Pilillas, iba un poco más arriba de la actual carretera. Subía al Portichuelo desde la curva que hay junto al “Agujero del Aire”, donde se encuentra un sondeo hidrológico. Desde esta curva el camino asciende el antiguo Portichuelo del Cajigal, conocido hoy por las Heladas o las Heladillas. El camino seguía por las Heladas y tras pasar junto a la Fuente de las Siete Pilillas tomaba el camino del Chorreadero hasta Pegalajar. En el mapa cartográfico 1:50.000 editado por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1907 se puede observar este camino, del que aún quedan restos.
El lugar del antiguo Portichuelo del Cajigal está formado por una estrecha y larga meseta junto a una gran pared caliza con vegetación arbustiva. La altitud del macizo y la ubicación de la meseta al noroeste le dejan pocas horas de sol, permitiéndole mantener mayor humedad al terreno.
El topónimo Cajigal indica una vegetación arbórea con abundancia de quejigos (Quercus faginea), un tipo de árbol autóctono que suele encontrarse junta a la encina; es de hoja caduca con dientes poco profundos en su borde, que da como fruto bellotas cuya cúpula está recubierta con escamas aovadas. Su madera se ha empleado como combustible y sus hojas y frutos son aprovechados por el ganado. Suele ubicarse en lugares frescos. Es resistente a los rigores climáticos de frío, sequedad y contrastes térmicos.
En el pasado, el lugar debió albergar un bosque de encinas y quejigos, pero su desforestación y posterior roturación y cultivo acabó con casi todo el arbolado. El abandono del cultivo en la zona hace varias décadas ha permitido una lenta recuperación de la vegetación arbórea autóctona. Hoy presenta chaparros, encinas, algunos quejigos, junto con enebros y retamas en las zonas antes roturadas.
El Asesinato del Corregidor de Jaén en 1662.
El año 1662 se enmarca en el final del reinado de Felipe IV, que estuvo dominado por las campañas militares contra Francia, que concluyeron en 1659 con la Paz de los Pirineos, y contra Inglaterra y Portugal. Se le exigió un gran esfuerzo fiscal a los reinos peninsulares, en particular a Castilla. No obstante se produce la quiebra del sistema económico y financiero de la monarquía en diversas ocasiones, como en 1660 y 1662. Los servicios o impuestos extraordinarios provocaron disturbios en muchos lugares de la Corona. Ya en el invierno de 1652 hubo un inicio de alborotos en Pegalajar que fueron atajados por el corregidor de Jaén que envió a don Antonio Fernández de Viedma con guardas para mantener el orden. La paciencia del exhausto pueblo de Pegalajar no pudo aguantar más cuando se decretó un nuevo servicio de 600.000 escudos de vellón en 1661 y otro más ese mismo año, unido a la devaluación de la moneda, y los vecinos se rebelaron cuando el juez don Manuel Méndez Correo acudió para cobrar la cuota de las rentas reales que correspondía a la población, con el que tuvieron "malos tratamientos". El juez denunció los hechos al Corregidor de Jaén, que acudió a Pegalajar con un grupo armado para apresar a los culpables. El Corregidor debió dirigirse primero a Mancha Real y allí pernoctar, por lo que no utilizó el camino principal que a través de las Coberteras comunicaba Jaén con Pegalajar y tomó el sendero que por el Portichuelo del Cajigal y el puerto de Letraña (las Siete Pilillas) enlaza Mancha Real y Pegalajar. Sin embargo, en el pueblo se tuvo conocimiento de su llegada y un grupo de rebeldes decidió cortarle el paso.
La emboscada tuvo lugar en la mañana del 19 de octubre de 1662, cuando el grupo del Corregidor iniciaba el ascenso al Portichuelo del Cajigal. Podría corresponder al poyo de las Heladas, por ser puerto pequeño o Portichuelo, pero posterior documentación ubican dicho puerto y emboscada en el camino real que a través del puerto alto comunica Mancha Real y Pegalajar. En el lado izquierdo de la subida, emboscados entre la vegetación, los rebeldes dispararon sus arcabuces y mataron al corregidor Antonio de las Infantas y a los guardas Antonio Gabuceo y Agustín de Herrera, e hirieron al guarda Juan Calderón. Aunque toda la nobleza de Jaén, ese mismo día salió en busca de los culpables, no pudieron hallarlos.
Por las investigaciones realizadas posteriormente se consideraron culpables directos de la emboscada a los vecinos de Pegalajar, Pedro de Valenzuela, Antonio Vacas Valenzuela, Pedro Vacas Catena, Pedro del Rio, Juan de Morales, Diego Mendo y Diego de Contreras; don Juan López de Mendoza, vecino de Jaén; y Teodoro de Tovar y Felipe de Bretones, vecinos del reino de Valencia y residentes en Pegalajar. A nueve de los implicados se les condenó a la horca y a degüello a Juan López de Mendoza, cuando los capturaran.
Las sentencias de la época iban acompañadas de un ritual para escarmiento. Una vez que se apresaran debían ser llevados a la cárcel real de la ciudad de Jaén, de donde se sacarían en mula, cubiertos de luto y en voz de pregonero delante se vocearía su delito a través de las calles acostumbradas hasta la plaza pública de Jaén, donde estaba el cadalso. Una vez ejecutados, sus cabezas serían cortadas y colgadas en un palo de una escarpia en la parte baja del Portichuelo del Cajigal, donde se dio muerte al corregidor Antonio de las Infantas y Córdoba. Además a los reos se les incautaban todos sus bienes.
Hubo muchos más implicados en los sucesos de rebelión, que desencadenaron el asesinato del corregidor, los cuales recibieron penas diversas: 15 vecinos fueron condenados a nueve años de pena en galeras; 2 al presidio de Orán o al Peñón en África entre cuatro y seis años; y 4 vecinos más a destierro mayor de veinte leguas de contorno durante cuatro años. El temor a las duras penas provocó la huida de muchos de los condenados. Algunos de los cuales formaron una partida armada dirigida por Pedro de Valenzuela.
La partida de Pedro de Valenzuela.
Pedro de Valenzuela, vecino de Pegalajar, casado y con un hijo, estuvo involucrado en el movimiento vecinal de rechazo a las exacciones tributarias de la Corona y sus representantes, y posteriormente en el asesinato en emboscada del corregidor de Jaén y dos de sus guardas. Tuvo que huir con el resto de los implicados para no ser objeto de un escarmiento ejemplar por la parte de la justicia real. Formó una partida de bandoleros, cuyo ámbito de actuación tenía como centro la Sierra de Mágina y se ampliaba a las comarcas vecinas de la Sierra Sur, Sierra de Cazorla y los lugares limítrofes del reino de Granada. Desde 1662 a 1675 la partida se mantuvo numerosa y activa. No se entiende un período tan largo de actividad bandolera sin un apoyo de parte de la población, pues esta partida era un símbolo de rebelión popular ante las fuertes exacciones tributarias de una corona en crisis, que recaían sobre las clases trabajadoras.
En Julio de 1674 la partida de Pedro de Valenzuela se encontraba cerca de Pegalajar. Tuvo un enfrentamiento con un grupo numeroso de guardas capitaneado por el alguacil mayor Diego Pretel. El corregidor de Jaén Diego Jiménez Lobatón salió en su busca con numerosos guardas y gran parte de la nobleza de la ciudad, sin encontrarlos. La Hacienda Real llevaba gastados más de 60.000 ducados en la infructuosa captura de la partida.
Al año siguiente, 1675, trece años después de “echarse al monte” y ser perseguido por la justicia real, Pedro de Valenzuela probablemente estaba enfermo, pues moriría de causa natural al poco tiempo. Quizás fuera ello lo que le movió a aprovechar la visita que hizo el cardenal Pascual de Aragón este año como primado de la archidiócesis de Toledo por tierras del Adelantamiento de Cazorla, dependiente de dicha archidiócesis, para pedirle clemencia. Esta visita fue un gran acontecimiento para los habitantes de la zona. La fama del Cardenal, con grandes influencias en la Corte, llevó a Pedro de Valenzuela y sus hombres a pedirle clemencia y ponerse bajo el amparo de la jurisdicción eclesiástica.
Cuando el Cardenal volvía a Cazorla por tierras de Granada en el mes de julio de 1675, al pasar por Puebla de don Fadrique le entregaron una carta escrita por Pedro de Valenzuela. El Cardenal le contestó mediante otra misiva mandándole cuarenta doblones y el recado de que acudiera a verle. Por entonces, la cuadrilla de Pedro de Valenzuela estaba formada por trece bandoleros a caballo. La cita tuvo lugar entre los baños de Zújar y Pozo Alcón, en pleno campo, al amanecer, y aceptaron ponerse bajo la protección del Cardenal, con cuya comitiva entraron en Pozo Alcón, llamando los bandoleros la atención por sus figuras barbudas y míticas. Al día siguiente llegaron a Cazorla. El licenciado Juan Baca, testigo presencial, cuenta en su Relación de visitas de cómo Valenzuela se alojó en la casa del capellán del Cardenal y los demás bandoleros de la cuadrilla se albergaron en el castillo para evitar un posible linchamiento.
Mientras se tramitaba el indulto, Valenzuela y su cuadrilla estuvieron en el monasterio de monjes Basilios de la Santa Cruz de Villanueva del Arzobispo a expensas de Cardenal, siendo frecuentemente visitados por el licenciado Juan Baca. Valenzuela confesó ante los monjes, que solo él por su mano había cometido más de sesenta muertes. En este lugar, antes de la llegada del indulto, Pedro de Valenzuela murió. El Cardenal ordenó que se le enterrara con la mayor solemnidad y hasta con públicas honras. También escribió a la viuda y al hijo que vivían en Pegalajar en la mayor pobreza, para darles consuelo.
Cuando llegó, el indulto establecía para los miembros de la partida de Pedro Valenzuela la condición de servir al Rey en Cataluña contra los separatistas y franceses; y para Pedro de Valenzuela, ya difunto, la de servir en la plaza de Orán. La vida de estos hombres es la expresión de un bandolerismo endémico consecuencia de la injusticia social que secularmente ha estado presente en el mundo rural andaluz y que tuvo su más famosa representación en el bandolerismo del siglo XIX, extendida por el movimiento romántico de la época. El mito de rebelde invicto de Pedro de Valenzuela esconde un mundo trágico de enfrentamientos y muertes, de vida ardua en las sierras, penas y sacrificios…; junto con la pérdida de todo aquello que poseía, incluida la vida familiar, que también sufre sus consecuencias. Tuvieron que pasar trece años de lucha y sufrimientos para rendir a aquella partida de hombres libres, a los que el Cardenal Aragón, conocedor de sus vidas, no pudo menos que estimar y proteger.
Más información sobre esta historia: Pegalajar.org
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lunes, 5 de noviembre de 2012
Ruta Bercho Bike 2012: Próximo 18 de noviembre´12
Publicado por Rutas y Senderos de Pegalajar el lunes, noviembre 05, 2012La filosofía de BerchoBike es la unión de un grupo numeroso de participantes para el disfrute de las montañas de Sierra Mágina, sus senderos y sus paisajes. No se pretende que BerchoBike sea una maratón, ni una carrera, lo único que se busca es pasar un buen rato, ya casi en familia, con un gran número de deportistas.
Por eso, y si os animáis, el Club Ciclista Charca os espera el domingo día 18 de noviembre a las 9.oo horas de la mañana en la Piscina Municipal de Pegalajar.
Ruta apta para:
-Mountain Bike
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| Trazado provisional de la ruta |
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| Perfil de la ruta |
Más información (inscripciones, reglamento, etc): http://clubciclistacharca.com/2012/10/01/bercho-bike-2012/read more
viernes, 2 de noviembre de 2012
La histórica Serrezuela de Pegalajar
Publicado por Rutas y Senderos de Pegalajar el viernes, noviembre 02, 2012Ruta apta para:
- Senderismo.
- Atletismo.
- Mountain Bike (solo en zonas de senderos): En la Serrezuela han tenido lugar competiciones de prestigio a nivel nacional como la Andalucía Bike Race o a nivel provincial como el Rally de la Diputación de Jaén o la marcha Bercho Bike.
- Parapente: Hay una zona de despegue en el área recreativa de las Siete Pilillas donde tiene lugar el Campeonato de España, pruebas valederas para el Mundial, el Campeonato de Andalucía, etc.
- Escalada.
| Perfil de la ruta Serrezuela de Pegalajar |
Curiosidades históricas que guarda el entorno de esta ruta:
La fortaleza de la Peña de los Buitres de Pegalajar es un ejemplo de refugio eminentemente natural. Está situada a los pies de una gran peña, al Oeste de la Serrezuela de Pegalajar, junto a una pared rocosa, ligeramente cóncava, que protegía a los defensores de agresiones desde arriba. En la parte inferior, varias terrazas rocosas superpuestas formaban la defensa natural, especialmente la última, de unos 190 metros de longitud y entre dos y siete metros de anchura, en la que se encuentra un aljibe de época árabe, conocido en la población como "Albercón de los Moros". La fortaleza todavía tenía un último punto de defensa, una línea de abrigos naturales y covachas excavadas en la pared rocosa varios metros por encima de la última terraza, a algunos de los cuales había que subir con escalas. A los pies de esta fortaleza aparece cerámica árabe de los siglos IX y X, junto con algunos restos de cerámica ibérica, lo que induce a pensar que ya fue utilizada en épocas anteriores a la medieval. En el pasado, el campo bajo la fortaleza debió estar cercado y habitado, además de servir de refugio al ganado de la población. Las defensas naturales se complementarían con elementos de madera, de los que no han quedado restos. Sí se pueden aún observar perforaciones, canales y otras huellas en la roca de la última terraza, que sirvieron de apoyo a las construcciones de madera.La Serrezuela de Pegalajar hasta los años cuarenta del siglo XX carecía de vegetación y la tierra y las piedras eran arrastradas hasta el núcleo urbano de Pegalajar, provocando una gran erosión. Para controlar esta erosión, el monte de la Serrezuela fue incluido dentro de los planes de reforestación de los años cuarenta (110 hectáreas), cincuenta (114,4 hectáreas) y sesenta (64 hectáreas) del siglo XX. Por entonces, muchas de las parcelas de cultivo habían sido abandonadas por la pérdida de suelo y escasa fertilidad, y éstas se plantaron de pino carrasco, cubriéndose de vegetación arbórea de la que hasta entonces carecía. En la actualidad está catalogada como “Paisaje Serrano de Interés Ambiental” en el Plan de Protección del Medio Físico de la provincia de Jaén.
Fuente de los datos históricos: Juan A. López Cordero.
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